Un Ex-Batallón 601 en venta

Tuvieron que pasar unos pocos días del resultado del ballotage del 22 de noviembre pasado para que el máximo dirigente de la UOCRA, Gerardo Martínez, comenzara a tender puentes hacia el próximo gobierno de Mauricio Macri.
Reconocido como un “gremialista K”, Martínez lee brindó todo su apoyo a la candidatura de Daniel Scioli- y al Frente Para la Victoria- en las pasadas elecciones, especulando con sostener los acuerdos que le han permitido gozar de impunidad en las causas que investigan su participación en la última dictadura militar y en los distintos hechos de violencia que con frecuencia cuentan con la UOCRA entre sus protagonistas.
Con la detención de Roberto Gordillo a fines del 2014, y frente a la denuncia impulsada por el Sitraic y los organismos de Derechos Humanos, Gerardo Martínez se vio acorralado por el cerco de la justicia. Gordillo se desempeñaba como jefe de interrogadores del Operativo Independencia, a cargo de Antonio Bussi, donde compartió actividad durante meses con Cesar Milani. Fue este primero quien incorporó a Gerardo Martínez al Batallón 601 de inteligencia de la dictadura militar, lugar desde el cual colaboró en la detención y desaparición de cientos de trabajadores.
La obsecuencia de Gerardo Martínez con el poder político y los gobiernos de turno no solo responde a la necesidad de garantizar su libertad sino también al sostenimiento de un esquema de negocios y complicidades montado con las patronales de la construcción y el estado. Gerardo fue calificado por el presidente de la Cámara de la Construcción (J. Chediack) como un “aliado estratégico” del sector, principalmente por ser el garante del trabajo en negro, la precarización laboral y los acuerdos salariales ruinosos para los trabajadores, con el método de las patotas , las coimas y la violencia sindical.
Como otros tantos dirigentes sindicales, Martínez se anotó entre los que le reclaman al próximo gobierno firmeza en cuanto al unicato sindical en los gremios industriales, consciente de que la ampliación del ámbito nacional del Sitraic significaría el principio del derrumbe de una estructura nacional descompuesta como la UOCRA.
La lealtad política de Gerardo Martínez tiene como precio su propia cabeza, por lo que se prepara para dar el salto esperando una oferta del otro lado del mostrador. Aunque para ello primero tenga que demostrar su capacidad de contener a los trabajadores frente al ajuste. O como diría el comediante Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”.
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