"No matarás"

Quizás hubiera bastado con que Gerardo Martínez se abstenga solo de violar este mandamiento para que esta historia no pueda ser contada, la primera de varias camino al 40° aniversario del golpe militar de 1976. Pero Gerardo no cuenta con ese beneficio: sus tareas al servicio del batallón 601 de inteligencia de la dictadura militar lo condenan por toda la eternidad.
Persistente, tenaz e insistente, se rehúsa a resignar su parcela en la tierra prometida, es por eso que hace unos pocos días se lo vio suscribir los términos del Pacto de San Antonio de Padua: un compromiso de políticas de estado en línea con postulados del Papa Francisco.
En este pacto se consagra “la necesidad de identificar puntos en común respecto del derecho a la vida, la lucha contra el narcotráfico, el cuidado al medio ambiente, intensificar las acciones para la prevención de la drogadependencia, combatir la violencia de género, garantizar las tres T (Tierra, Techo, Trabajo), proteger la familia, combatir la pobreza y erradicar el trabajo infantil.” (Telam).
La sola firma del propio Gerardo Martínez da lugar a que se considere la impugnación total del pacto suscripto, después de todo, Gerardo ha sido un violador serial de estos postulados.
Las drogas y el narcotráfico invaden el gremio de la construcción a instancia del propio Gerardo Martínez, quien promueve la proliferación de bandas y grupos de choque reclutados entre los sectores más descompuestos de la sociedad. La asfixia presupuestaria que aplica Gerardo al interior del sindicato que dirige es lo que da lugar a la promoción de todo tipo de negocios, dentro de los cuales la droga se encuentra entre los más rentables.
La permanente entrega de los salarios de los compañeros de la construcción, la destrucción de las escalas salariales y la liquidación de nuestras conquistas han empujado a la pobreza a la casi totalidad de los obreros del gremio, cuya tierra y techo, cuando la tienen, se encuentran en barriadas inhóspitas. El desplazamiento de nuestros compañeros a los barrios marginales opera como una alienación en relación al producto de nuestro trabajo: construimos inmensas edificaciones que siquiera podemos soñar con habitar algún día.
La precarización laboral y el trabajo han batido records bajo la dirección de Gerardo Martínez. Si las condiciones de trabajo son paupérrimas, cada vez cuesta más obtener un empleo que durante unos meses permita ingresar algo de dinero a nuestras familias. No se registran antecedentes recientes en los que la UOCRA haya peleado por los puestos de trabajo perdidos, más bien se la ha visto detrás de las componendas con las patronales para transitar el mal paso.
Si a esta altura del partido alguien podría pensar que la suscripción de Gerardo a este pacto podría resultar algo controvertido, existe un punto que echa por tierra cualquier tipo de sospecha: Gerardo repudia con lo más profundo de su ser el derecho a la vida. Su lugar al frente de la UOCRA lo conquistó delatando y colaborando con la desaparición de trabajadores de la construcción y activistas durante la última dictadura militar. Y lo conserva, hasta el día de hoy, apaleando y asesinando trabajadores en todo el país.