CGT: El Estado los cría y los negocios los amontonan.
La reciente reunificación de la CGT, el pasado 22 de agosto, con la conformación de un triunvirato al frene de la central (Héctor Daer, Carlos Shmid y Carlos Acuña), no dejó de expresar la crisis que afronta el peronismo en el movimiento obrero y la ratificación del acuerdo de gobernabilidad con el gobierno de Mauricio Macri.
La unificación se produjo en el medio de las controversias de un justicialismo quebrado: el “Momo” Venegas saboteo la convocatoria, dejando alrededor de un 40% de los gremios por fuera de la nueva CGT, y lo mismo hicieron otros sectores que se retiraron del recinto ni bien comenzada la jornada, o siquiera asistieron al lugar.
La nueva CGT nace como el resultado de sucesivos acuerdos con el gobierno de Macri, vinculados a la devolución de los fondos de las obras sociales y la convalidación de la burocracia sindical al frente de los sindicatos, a cambio de la paz social y la inacción frente al plan de ajuste que desenvuelve el Pro y los gobernadores en todo el país.
La designación de un triunvirato al frente de la central, más allá de expresar los límites de un acuerdo precario, habilita el poder de veto de los integrantes frente a cada una de las iniciativas que discuta la central. Es una central que nace paralizada y que sus voceros ya han anunciado que pretenden mantenerla así un buen rato.
Los principales actores de esta nueva CGT son quienes llevaron la lucha contra los despidos al parlamento, evitando sacar al movimiento obrero a la calle para enfrentar el ajuste. Ni el veto de Macri logró que salieran de la inacción. Dos de los tres integrantes del triunvirato responden al armado político de Massa y el propio Moyano tiene a su hijo como diputado nacional por este espacio. La paz social no solo está garantizada por los favores del macrismo sino también por los acuerdos políticos que tejen el PJ, Massa y el Pro, para llevar adelante una agenda anti-obrera.
Al proceso de reunificación acudió también el Secretario General de la UOCRA , Gerardo Martínez, quien no pierde oportunidad de presentarse allí donde se encuentren la rosca y los negocios. Gerardo no fue a buscar un lugar desde el cual montar los preparativos para lanzar una ofensiva contra el gobierno que en más de ocho meses dejó más de 70 mil obreros de la construcción en la calle y que castiga a los trabajadores activos con empleo en negro y pésimos salarios. Fue a reafirmar su obsecuencia con el gobierno de turno y a refrendar su lugar en la Secretaria de Relaciones Internacionales de la CGT.
La reunificación de la CGT persigue un propósito reaccionario, el de reforzar a la burocracia sindical ante el ascenso de las luchas obreras en un cuadro de ajuste y crisis. En esa dirección fue el fallo de la CSJN que restringe el derecho de huelga, dejando a fuera a las comisiones internas, cuerpos de delegados y seccionales combativas. La paz social es un camino de ida y vuelta.
El Sitraic considera que la unificación del movimiento obrero debe darse sobre la base de un congreso de trabajadores que establezca las necesidades de los trabajadores, discuta un programa y resuelva los medios para enfrentar el ajuste y a los ajustadores.
