𝐁𝐑𝐔𝐓𝐀𝐋 𝐏𝐑𝐄𝐂𝐀𝐑𝐈𝐙𝐀𝐂𝐈Ó𝐍 𝐋𝐀𝐁𝐎𝐑𝐀𝐋 𝐏𝐎𝐑 𝐄𝐅𝐄𝐂𝐓𝐎 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐈𝐍𝐅𝐋𝐀𝐂𝐈Ó𝐍

La precarización laboral puede llevarse adelante por distintos medios.
Uno de ellos y quizá el más popular y a la vez, temido por las personas trabajadoras, es la reforma laboral.
Ese temor, con claro fundamento en los graves antecedentes nacionales, que en especial afecta a los trabajadores y trabajadoras de la industria de la construcción desde 1967, cuando con la creación del fondo de desempleo, hoy denominado fondo de cese laboral, perdieron el derecho al preaviso, a la indemnización por despido, a la integración del mes de despido y la tutela contra el despido arbitrario (consagrado por el art. 14 bis de la Constitución Nacional).
Y es que además, en nuestro país, una reforma laboral, jamás implicó una mejora en los derechos, en los salarios ni en las condiciones de trabajo.
𝗥𝗲𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗮𝗹 𝗲𝗻 𝗔𝗿𝗴𝗲𝗻𝘁𝗶𝗻𝗮, 𝗶𝗺𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮 𝗹𝗶𝘀𝗮 𝘆 𝗹𝗹𝗮𝗻𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲, 𝗽𝗿𝗲𝗰𝗮𝗿𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘆 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗮𝗹, 𝗯𝗮𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀 𝘆 𝘀𝗮𝗹𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀.
Pero no sólo precariza una reforma laboral "a la baja" (menos derecho), sino que el pago parcial de salarios fuera de recibo de haberes, el trabajo no registrado, las pésimas condiciones laborales, la desprotección que genera la ley de riesgos de trabajo por medio de las ART y de la nefasta interpretación y aplicación que de dicha legislación hacen las comisiones médicas y los tribunales de justicia (los de primera instancia, la Cámara Nacional de Apelaciones de Trabajo y la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que convalidan el abandono y el robo de la salud y de las indemnizaciones a las personas trabajadoras accidentadas o que sufren enfermedades laborales) también ofician de precarizadores.
Que hablar de la casi inexistente protección laboral por medio de los sindicatos.
Con conducciones sindicales burocráticas, corruptas, antiobreras, socias de los empleadores y dependientes del poder político de turno, se asentúa la precarización laboral, ya que los trabajadores y trabajadoras, salvo algunas excepciones (muy destacables), no cuentan sindicatos que defiendan sus derechos e intereses.
Así, ciertos sindicalistas están más pendientes en administrar sus fortunas, no perder el poder dentro del sindicato aun violando la libertad y la democracia sindical mediante el uso de la violencia y la connivencia del Ministerio de Trabajo, quien brinda todo su aparato para que los dirigentes atornillados a sus sillas sigan permaneciendo en sus cargos, garantizando de tal forma su impunidad y no permitiendo, mediante la permanente obturación, el nacimiento, crecimiento y expansión de las nuevas entidades sindicales nacidas de la libertad sindical, que de defender a los trabajadores y trabajadoras que representan.
Pero además de esos métodos de precarización de las relaciones laborales, en los últimos años se ha producido una brutal precarización por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios por efecto de la inflación.
La inflación es lisa y llanamente, asesina del salario.
Las personas trabajadoras cada día trabajan más y cada día pueden comprar menos alimentos, ropa, etc, fruto de la voraz afectación de los sueldos por culpa de la altísima (y descontrolada) inflación generada por la emisión monetaria, el alto endeudamiento exterior e interior y la pasividad y complicidad de los dirigentes sindicales que pactan, junto a los empleadores y el gobierno, salarios que nos condenan a la miseria, a nosotros y nosotras y a nuestras familias.
𝐂𝐚𝐝𝐚 𝐝í𝐚 𝐬𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐦á𝐬 𝐩𝐨𝐛𝐫𝐞𝐬 𝐲 𝐧𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞𝐧 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐜𝐫𝐞𝐞𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐩𝐚𝐜𝐭𝐚𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐢𝐭𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐞𝐱𝐜𝐞𝐥𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐲 𝐞𝐣𝐞𝐦𝐩𝐥𝐚𝐫𝐞𝐬, 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚𝐬 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚𝐬 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐣𝐮𝐬𝐭𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐨𝐛𝐣𝐞𝐭𝐢𝐯𝐨 𝐞𝐦𝐩𝐨𝐛𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐲 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐬𝐨𝐦𝐞𝐭𝐞𝐫𝐥𝐨𝐬 𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐝í𝐚 𝐞𝐬𝐭é𝐧 𝐝𝐢𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐲 𝐝𝐢𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐚 𝐚𝐜𝐞𝐩𝐭𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐥𝐚𝐛𝐨𝐫𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐚𝐮𝐩é𝐫𝐫𝐢𝐦𝐚𝐬 𝐲 𝐬𝐚𝐥𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐛𝐚𝐣í𝐬𝐢𝐦𝐨𝐬, 𝐬ó𝐥𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐧𝐨 𝐦𝐨𝐫𝐢𝐫 𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐲 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐫 𝐚 𝐬𝐞𝐫 𝐢𝐧𝐝𝐢𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐚ú𝐧 𝐭𝐞𝐧𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐨.
Entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019, el salario real promedio, sufrió una caída del 21,5%, mientras que durante 2021 creció en promedio un 53,4%, lo que los coloca levemente por encima de la inflación del 50,9%.
Si bien ello consistió en una leve recuperación, no logró recuperar lo perdido en el lapso 2015-2019.
Ahora, en el caso de la industria de la construcción, a diciembre de 2021, un trabajador de la categoría de ayudante, si trabajaba jornada completa, percibía un salario bruto (es decir, sin descuentos) de $ 55.900,41, un 50% menos, es decir, la mitad que la remuneración promedio (bruta) de los trabajadores estables, que ascendió en diciembre de 2021 a $ 102.589.
Como no hay datos de los salarios de los trabajadores no registrados (los que hacen trabajar en negro), seguramente la brecha es mayor y percibieron menos de los $ 55.900,41 del que se encuentra registrado.
𝐄𝐧 𝐜𝐮𝐚𝐥𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫 𝐜𝐚𝐬𝐨, 𝐥𝐨𝐬 𝐬𝐚𝐥𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐝𝐮𝐬𝐭𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐜𝐜𝐢ó𝐧, 𝐚𝐝𝐞𝐦á𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐞𝐥 𝟓𝟎% 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐚𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐦𝐞𝐝𝐢𝐨 𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥, 𝐧𝐨 𝐜𝐮𝐛𝐫𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐂𝐚𝐧𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐁á𝐬𝐢𝐜𝐚 𝐓𝐨𝐭𝐚𝐥 𝐜𝐚𝐥𝐜𝐮𝐥𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐈𝐍𝐃𝐄𝐂 (𝐬𝐞 𝐮𝐬𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐥í𝐧𝐞𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐨𝐛𝐫𝐞𝐳𝐚) 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐠𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝟒 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐬 𝐚𝐬𝐜𝐞𝐧𝐝𝐢ó 𝐚 $ 𝟕𝟔.𝟏𝟒𝟔,𝟏𝟑 𝐞𝐧 𝐝𝐢𝐜𝐢𝐞𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐝𝐞 𝟐𝟎𝟐𝟏. 𝐄𝐥𝐥𝐨 𝐢𝐦𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐝𝐮𝐬𝐭𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐜𝐜𝐢ó𝐧 𝐡𝐚𝐧 𝐩𝐞𝐫𝐜𝐢𝐛𝐢𝐝𝐨, 𝐞𝐧 𝐛𝐚𝐬𝐞 𝐚𝐥 𝐬𝐚𝐥𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐚𝐲𝐮𝐝𝐚𝐧𝐭𝐞, 𝐮𝐧 𝐬𝐮𝐞𝐥𝐝𝐨 𝐢𝐧𝐟𝐞𝐫𝐢𝐨𝐫 𝐚 𝐥𝐚 𝐂𝐚𝐧𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐁á𝐬𝐢𝐜𝐚 𝐓𝐨𝐭𝐚𝐥 𝐜𝐚𝐥𝐜𝐮𝐥𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐈𝐍𝐃𝐄𝐂 𝐲 𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐜𝐮𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐬𝐨𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐢𝐝𝐞𝐫𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐏𝐎𝐁𝐑𝐄𝐒 (𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬 𝐲 𝐬𝐮𝐬 𝐟𝐚𝐦𝐢𝐥𝐢𝐚𝐬).
Dichos salarios se encuentran a mitad de camino entre la pobreza y la indigencia, ya que la Canasta Básica Alimentaria (se usa para determinar la línea de indigencia) para el mismo hogar ascendió a 32.963,69 en diciembre de 2021.
Sin embargo, tomando un parámetro que no sea el del INDEC, como es la Junta Interna de ATE – INDEC el costo de la canasta de consumos mínimos para una familia de 4 integrantes (va un poco más allá que la canasta básica que considera el INDEC) en diciembre de 2021 ascendió a $ 123.598.
Eso deja a los trabajadores de la industria de la construcción muy por debajo de esos requerimientos, lo que habla claramente del abandono salarial al que nos somete la UOCRA en connivencia con los empleadores y el aval del gobierno.
La situación de 2022 no es muy diferente.
Se espera para enero de 2022 un incremento del costo de vida de entre el 3 y el 3,5% con una proyección anual de entre el 50 y el 60%.
Que evidenciado que la inflación está reduciendo significativamente nuestros sueldos, que cada día, aunque cobremos mas dinero, ese dinero no alcanza para vivir dignamente.
Ello no es solo obra de la inflación, responsabilidad de las autoridades políticas de nuestros país, sino también de la falta de una representación sindical fuerte y legítima que se siente a negociar con los patrones para exigirles que paguen salarios dignos, que superen ampliamente la inflación para que verdaderamente recuperen su poder adquisitivo.
𝐍𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐣𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐥𝐚 𝐯𝐚𝐫𝐢𝐚𝐛𝐥𝐞 𝐝𝐞 𝐚𝐣𝐮𝐬𝐭𝐞 𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐦𝐩𝐥𝐞𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐬𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐯𝐚𝐧 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞𝐬 𝐠𝐚𝐧𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐞𝐧 𝐝ó𝐥𝐚𝐫𝐞𝐬, 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐬𝐚𝐥𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐩𝐨𝐛𝐫𝐞𝐬 (𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐢𝐧𝐝𝐢𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬). 𝐏𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐒𝐈𝐓𝐑𝐀𝐈𝐂 𝐞𝐧𝐚𝐫𝐛𝐨𝐥𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐛𝐚𝐧𝐝𝐞𝐫𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝 𝐬𝐢𝐧𝐝𝐢𝐜𝐚𝐥 𝐲 𝐥𝐚 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐧𝐨𝐦í𝐚 𝐟𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚𝐥 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨, 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐭𝐫𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐲 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐥í𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬. 𝐄𝐬𝐚 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢ó𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐒𝐈𝐓𝐑𝐀𝐈𝐂, 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐚𝐟𝐢𝐫𝐦𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐝í𝐚𝐬 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐨 𝐬𝐢𝐧𝐝𝐢𝐜𝐚𝐥.